El 28 de enero de 1986, millones de personas observaron en vivo el lanzamiento del transbordador Challenger STS-51-L. A los 73 segundos, la nave se desintegró en el cielo.
El problema no fue una explosión convencional, sino una falla de sellado. Los cohetes de combustible sólido utilizaban juntas tóricas (O-rings) para contener gases a alta presión. Esa mañana, la temperatura era inusualmente baja.
El caucho de los O-rings perdió elasticidad, permitiendo que gases calientes escaparan. Este chorro de plasma impactó el tanque externo de hidrógeno, provocando la destrucción del sistema.
Ingenieros de Morton Thiokol habían advertido sobre el riesgo, pero la decisión de lanzar se mantuvo.
Clave técnica:
Materiales elastoméricos pierden capacidad de sellado en bajas temperaturas, comprometiendo sistemas críticos.
Fuente:
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Rogers Commission Report (1986)
Tags: challenger, oring, fallo, lanzamiento

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