El 27 de enero de 1967, dentro de una cápsula sellada sobre la plataforma de lanzamiento, tres astronautas realizaban una prueba de rutina. Gus Grissom, Ed White y Roger B. Chaffee se encontraban en el módulo de mando del Apollo 1, una misión que nunca llegaría al espacio.
La prueba era considerada “segura”: el cohete no tenía combustible y el sistema estaba aislado. Sin embargo, el interior de la cápsula estaba presurizado con oxígeno puro, una práctica común en ese momento para simplificar sistemas. Esta decisión, aparentemente técnica, se convertiría en un factor crítico.
A las 18:31, una chispa —probablemente causada por un cable defectuoso— encendió un fuego instantáneo. En un ambiente de oxígeno puro, la combustión no es progresiva: es explosiva. En segundos, el interior se convirtió en un infierno.
Los astronautas intentaron abrir la escotilla, pero el diseño requería presión interna reducida y varios pasos manuales. No hubo tiempo. En menos de 20 segundos, el humo y las llamas hicieron imposible cualquier escape.
Este accidente llevó a una revisión completa de los estándares de seguridad de la NASA. Se eliminaron materiales inflamables, se rediseñaron escotillas para apertura rápida y se modificaron las atmósferas internas.
Clave técnica:
El uso de oxígeno puro a alta presión incrementa exponencialmente la velocidad de combustión. Hoy, las cápsulas utilizan mezclas controladas de gases.
Fuente:
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NASA Apollo 1 Accident Report
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NASA History Division Archives
Tags: apollo1, incendio, seguridad, ingenieria

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