Mientras Neil Armstrong y Buzz Aldrin caminaban sobre la Luna, Michael Collins orbitaba completamente solo en el módulo de mando.
Cada vez que pasaba por la cara oculta de la Luna, quedaba totalmente incomunicado: sin contacto con la Tierra ni con sus compañeros. Durante esos minutos, era literalmente el ser humano más aislado de la historia.
Collins describió la experiencia como “profundamente consciente, pero no solitaria”. Su estabilidad psicológica fue clave para el éxito de la misión.
Curiosidad clave:
La NASA estudió estos efectos para futuras misiones largas, como viajes a Marte, donde el aislamiento será aún mayor.
Fuente:
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Michael Collins, “Carrying the Fire” (1974)
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NASA Psychological Studies on Isolation
Tags: aislamiento, astronautas, psicologia, apollo11

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